martes, 10 de octubre de 2017

Cardenismo



Este trabajo partió preguntándose por la izquierda del sexenio cardenista, para terminar sosteniendo una tesis: el movimiento que se anima desde esferas gubernamentales va más allá de todo cálculo previsto y adelanta los regímenes populares andinos cuyo poderoso efecto obra sobre Latinoamérica entre 1994 y 2017. Su breve duración hace dudar de la experiencia concebida en esos términos. Los logros no. Seis años bastan para producir cambios sociales sin igual en nuestra historia, que tendrán efecto durante medio siglo y que todavía hoy son un referente.

Ilustrémoslo por ahora con el consejo del embajador estadounidense para responder al reparto agrario que devolvió sus tierras a los yaquis, expropiando a grandes y pequeños propietarios de Estados Unidos: “Personalmente estoy convencido de que el actual movimiento agrario no puede ser detenido por este gobierno ni por ningún otro gobierno que lo remplace, sin precipitar una revolución”.

Cuando en 1933 Lázaro Cárdenas es elegido virtual próximo presidente, para algunos Plutarco Elías Calles se salió con la suya y seguirá dirigiendo el país a trasmano para imponer al fin un proyecto institucional que nos modernice. Así quedarán atrás veleidades agraristas y obreristas de los tres lustros previos y el articulado social establecido por la Constitución se ceñirá a una antigua máxima en nuestras tierras: ley y realidad no tienen necesaria correspondencia y lo legislado debe ceñirse a los intereses del Estado.

Visto de cierta manera, el Jefe Máximo, como suele llamarse al general sonorense, por su propio razonamiento está liquidado: los tiempos de caudillos pasaron, dice, y pretende continuarlos. Se equivoca, pues nuestro caudillismo sigue arraigado con una única condición: la alternancia. En todo caso, él pertenece ya al pasado. En 1928, al morir Álvaro Obregón, con quien durante casi una década sostuvo el juego sistémico, digamos, su destino estaba echado, y cinco años de manejos arbitrarios lo confirman.

Si seguramente puede discutirse esta afirmación, la lanzo con un solo objetivo: subrayar que el largo proceso posrevolucionario maduró o creó nuevos grandes actores, preparados para genuinos cambios. Don Lázaro aparece entonces como cabeza informal de fuerzas que emergen dentro del mismo régimen o al lado suyo. Representan esa utopía mexicana pronta a realizarse, cuyos personajes mayores son campesinos y obreros con utopías propias, ancestrales o de más o menos reciente creación.
Para Cárdenas, sus cercanos y otros sectores, la obra reside justamente en materializar cuanto el constituyente de 1917 consensó para hacer justicia al pueblo y a una nación concebida como garantía del bienestar general.
¿Hasta qué punto coinciden así con las aspiraciones populares? El movimiento campesino y los sindicalistas avanzados tienen perspectivas muy vastas, afines al zapatismo, el villismo y los proyectos que se afilian a corrientes revolucionarias internacionales.  revolucionarias que dejaron   
SIGUE

viernes, 31 de marzo de 2017

Historias

A última hora sumo otro cuaderno, nietos. Son investigaciones que terminé o quedaron a medio hacer y tienen forma ahora. Una estaba a punto de publicarse cuando... no sé qué. Irán intercaladas. 
Empiezo por una viñeta casi idéntica a la usada en Desde la azotea.  

De exilios
Treinta años vivió en México Luis Cardoza y Aragón abrazado al árbol de su infancia, en el jardín familiar de un barrio de La Antigua, que el exilio dejó tras una barrera infranqueable. Al regresar, el árbol había desparecido, con la calle, que era una irreconocible otra. No se levantaría jamás de una muerte que hacía vacilar en la nada los treinta años.
Para entonces Pablo Neruda había escrito muy lejos de casa:
"Les contaré que en la ciudad viví
en cierta calle (...)
No se podía ir y venir,
Había tantas gentes (...)
Todo me pareció brillante (...)
y era sonoro.
Hace ya tiempo de esta calle,
hace ya tiempo que no escucho nada..."
Dulce nostalgia la suya, que podía ignorar la calle impresa en sus compatriotas repartidos por el mundo tras 1973: vuelta silencio y dolor.
Más de tres décadas atrás Victor Serge se paseaba con su inseparable hijo por el bullicio de una noche en la Alameda Central de la ciudad de México, y entre la reposada, sonriente feria de familias se le venían una y otra vez las estampas del último en la serie de exilios que era su vida, y el reclamo de los rostros de los compañeros que quedaron en la Francia ocupada por la Alemania nazi.
Yo no sabía nada de Cardoza, de Neruda, de Serge, cuando en los 1950s crecía en aquella misma ciudad entre dos padres que no abrían la boca para hablar de la Guerra Civil española, sino cuando se trataba de aligerar el drama, y sin embargo estaban y no en la casita de dos pisos donde nos criaban. Mamá se afanaba cada mañana en recoger hasta la última mota de polvo en la sala, el comedor, lo que pomposamente llamábamos biblioteca. Me obsesionaba su estampa desdibujándose a lo fantasma. Era Penélope que no esperaba, repitiendo el rito para espantar sin éxito el recuerdo del viaje no de su hombre, sino de ella, suspendido casi al empezar.
Batía el trapo contra el brazo de un sillón, daba un paso, volvía sobre él, lo expurgaba de vuelta y se rendía, empezando a parpadear en mis ojos que no podían seguirla a la cuenca minera a diez mil kilómetros de distancia, para ofrecerse a cuidar los burros de los campesinos en domingo y dar gracias por las monedas con que pagar la función del único cine en veinte pueblos y villas alrededor. O para trepar a los destartalados camiones que harían la excitante ruta de los mítines en los cuales lucía adolescente.
Mamá se adelantaba treinta años al Humberto Costantini que miraba por la ventana la luna mexicana, “chanta”, mentirosa, porque la de verdad no había salido de Buenos Aires, como él casi justo en el momento en que ella, mi madre, hacía las maletas para volver a la España sin Franco y ser de nuevo de carne y hueso, otra vez mitin tras mitin, para con su adolescencia refrescar al maltrecho partido en en cual se había convertido el suyo... y recibir de tarde en tarde la visita de los hijos, a quienes veladamente miraba con extrañeza: ¿de dónde habrán salido?
¿Pero qué tan sí misma era también ella, regresando sin regresar? El país que había dejado y en el cual anduvo transterrada mucho más años que en el real, apenas y se reconocía en el de 1976. Un poco antes Alejo Carpentier dicutía el lugar común nacido entre el boom de la literatura latinoamericana, que rezaba: marcharse es la mejor manera de ver el lugar de origen. Roberto González Echevarría revisaría luego la crítica de Carpentier a través de la serie de artículos de éste La Habana vista por un turista cubano.
González Echeverría decía de este paseo imaginario: "Los exiliados de Carpentier habitan un ámbito atemporal -una suerte de estado de suspensión- y procuran regresar al hogar o patria perdidos mediante dos actividades íntimamente relacionadas: el amor y la lectura. Lejos de la patria, del idioma propio, los exiliados de Carpentier reifican la lengua materna, la petrifican. La lengua materna muere en el momento en que el exiliado parte y deja de escucharla. Para preservarla en el exilio, el exiliado lee morosamente, acariciando las palabras como si fueran un cadáver que podria ser devuelto a la vida mediante una suerte de conjuro, ritual. Con esta práctica el exiliado, espera recuperar su ser original y despojarse de su nueva y extraña identidad, que se ha convertido en un código mudo que no le pertenece, un cuerpo petrificado, carente de voz..."
Al volver mi madre se movía entre las sepulturas donde habitaba la España que recreó durante treinta y ocho de sus sesenta años de vida, y entraba en un nuevo limbo, en el cual debía reinventarse. Tal vez también por eso, y no sólo por el extrañamiento de sus miradas, que a los hijos nos hacía vacilar sobre el suelo, mis encuentros con ella resultaban en grandes grescas. Eran de fantasma a fantasma.

Digna o La muerte por tan igual
Central de Autobuses del Sur. Alrededor de las 12:15 a.m. Gerardo González baja del camión que lo trae de Cuernavaca, donde reside.
Así recuerda, nervioso, consciente de la vitrina en la cual vive desde el día aquel, como un ser incómodo e indefenso, parte de una historia que toca los sótanos del país. Se ha vuelto abogado laboralista, pero conserva estrechos vínculos con defensores de derechos humanos, empezando por el despacho de Lamberto González y que hasta poco fue a la vez de Pilar Noriega, del cual es en cierta medida responsable y que está allí, en el Distrito Federal.
Esa proximidad a los aparatos de justicia y a la confrontación con el poder, deben prevenirlo al dar una vez más su versión sobre un momento particularmente delicado de un hecho de extraordinarias implicaciones. De modo que busca ir directo al grano y cuando una pregunta lo hace entrar en un detalle intrascendente, se detiene en explicaciones que sobran.
El día referido, vuelve a los recuerdos en la jerga judicial, fue a comer con responsables de un órgano de gobierno de la ciudad, para dirigirse después a la oficina de Lamberto, que desde una semana atrás ocupaba también Digna Ochoa.
Zacatecas 31, colonia Roma. Hacia la misma hora un trabajador ambulante concentraba su discreta mirada en lo que percibía en torno a un edificio amarillo pálido a mitad de la cuadra.
A un paso de avenida Cuauhtémoc, la calle terminaba por perder su antigua calma residencial, con el ajetreo de los automóviles y las modestas oficinas en las cuales se había convertido la mitad de los edificios habitacionales. Por eso el hombre había escogido el sitio para ofrecer sus servicios y marcharse al agotar la clientela. Pero ni allí pasaban desapercibidos los movimientos de hombres trajeados y “aspecto sospechoso” (PADRES CGH). No era la primera vez que los veía, a ellos o a otros parecidos.
Minutos antes o después, en el pasillo del piso del edificio donde estaba el despacho de Lamberto y Digna, una mujer topaba con un hombre ajeno al lugar, y en un momento no bien precisado una vecina del piso inmediato superior creía escuchar “dos sonidos parecidos a un golpe o un martilleo en un intervalo aproximado de cinco minutos, ,y luego, entre diez y quince minutos después, un fuerte ruido como el de un portazo” (2DO CIDH).
Cerca de las 18:00. Gerardo González no sabía nada de eso cuando después de cumplir con las tareas que lo trajeron a la ciudad, decidió acercarse al despacho de sus compañeros. Entró al edificio, subió los dos tramos de escaleras y se detuvo en la puerta de la oficina, tras la cual empezaba a hacerse noche. Estaba cerrada, pero él tenía llave.
-Al abrir había unos documentos, notificaciones de unos actuarios, que habían dejado ahí, metidos entre la puerta. Abro y se caen las notificaciones al piso. Creo que en ese momento, a la hora que yo me agaché, y como la salita está muy cerca de la puerta de entrada, alcancé a ver alguien ahí. Yo creo que yo recuerdo incluso haber comentado anteriormente que al ver el cuerpo lo primero que me pareció es como si fuera algún niño durmiendo. De esas sensaciones como que no te explicas y te causa una cierto descontrol: ¿por qué está ahí?
“Pues inmediatamente enciendo la luz y vi un panorama un poco extraño, porque había el polvo blanco que ahí se encontraba regado. Estaba una diadema tirada en el piso y al ver el cuerpo de Digna sí me causo mucha sorpresa. Fue una mezcla de sensaciones y de cosas así, muy raras. 
“Lo que más me recuerdo es que ella traía un pantalón color negro y una especie como de botas. La blusa no recuerdo si era blanca. Yo creo que me llamó la atención el pantalón negro porque tenía algo del polvo blanco. No recuerdo si traía o no suéter. Lo que si recuerdo es que había una prenda, una especie de saco o chamarra, que estaba con el interior viéndose en el sillón de enfrente de ella.
“La postura era muy clara porque se encontraba casi, casi como sentada sobre la alfombra, con los pies alargados, y prácticamente su cabeza recargada sobre el sillón. Como si estuviera dormida en esa posición.”
Pero no dormía, según era obvio por la sangre y el impacto en la cabeza. Digna Ochoa y Plácido estaba muerta.
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Para Gerardo si Digna había sido asesinada, si así la oficina había sido descaradamente violada, todo cuando él conocía quedaba en riesgo. Quedaba en riesgo hoy y mañana, en el momento en que lo decidiera el poder que se había resuelto a llegar a un extremo elocuente y aleccionador.
No tuvo entonces modo de atender a lo que veía sino tras una suerte de delgada película que a capricho opacaba o magnificaba los objetos, y desde luego no osó tocar ni revisar cosa alguna. Menos aún reparó en el sobre que reposaba en la antesala, y en el papel dentro:
"Pros, hijos de puta, si siguen así, a ustedes también les va a tocar. Conste que bajo advertencia no hay engaño." (CITADA POR PRENSA). Y como firma una cruz “tipo esquela de muerto” (PILAR).
No era, al parecer, una amenaza reciente, porque ella había dejado de pertenecer al Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, al cuál se hacía referencia. Y porque las últimas destinadas a ella en específico, apenas un mes atrás, o habían sido telefónicas o estaban en su casa.
El primer mensaje previniendo a Digna de no meter las narices donde no debía, era viejo, si se habla de una mujer de 37 años. Se había producido cuando iniciaba su carrera de abogada en Xalapa, en 1987. Pero si no había sido un hecho solitario, ya que según ella solía recordar lo acompañaron presiones mucho más directas, resulto, sí, aislado.
Sería más tarde cuando vendría, en escaladas, de acuerdo a las circunstancias, la serie de notas que concluirán con cuatro en las cuales los peritos dactilógrafos encuentran “un alto grado de correspondencia y de uniprocedencia, como quiera que fueron textos que obedecen a un mismo patrón de contenido, de distribución de espacios y tipo de letra” (INFORME DE CIDH).
La serie empezaría en 1995, ya como parte del Pro, como solía conocerse al Centro creado por la orden de los jesuitas. De hecho, la que daría la pauta a las demás amenazas escritas no estaba dirigida a ella en particular, sino al organismo en su conjunto.
Las que le advertirían de manera directa, a ella sola o en compañía de otros, coincidirían con sus trabajos de defensoría relacionados con Chiapas y el movimiento zapatista, y sobre todo, al parecer y como la propia Digna decía, con el estado de Guerrero.

Tras la izquierda del cardenismo
Hay vínculos entre estas historias aparentemente desconectadas. Se diría que los fuerzo y no es así. La izquierda del cardenismo tiene íntimas relaciones con los exilios al país, como veremos después.
Las utopías de la Revolución y sus alrededores, dije enlistándolas, y del PLM pasé por el zapatismo, el villismo, el PSS, hasta el agrarismo comunista y la CGT anarcosindicalista de los años 1920. Las primeras son derrotadas por el constitucionalismo y las otras por éste hecho régimen.
¿Qué busco al hablar de la izquierda cardenista? Para Adolfo Guilly hay una utopía mexicana que don Lázaro materializa durante su gobierno. Es la posible, dadas las circunstancias, se diría: cumplimiento del articulado social de 1917, nacionalismo antimperialista y honradez y eficiencia republicanas. Yo quisiera ver más, en un ambiente mundial que ante el fracaso de las democracias occidentales oscila entre el fascismo y la Unión Soviética estalinista y todo lo resume en la contraposición impulso individual-impulso colectivo. Durante el sexenio del Tata, intento creer, habría entonces un salto que empuja la propuesta original hacia una genuina irrupción popular con su maleta de sueños fracasados o postergados y un mesianismo dispuesto a desbordes inusitados en materia internacional.
Según esto la maravillosa coyuntura terminaría con la aceptación momentánea del triunfo del principal enemigo, la familia revolucionaria en su peor cara y con un proyecto madurado gracias al propio sexenio, y la articulación de una cultura de largo aliento que haría posible defender las grandes conquistas logradas, aspirar a más si el panorama del mundo lo permitía, acercándose por ejemplo a la revolución cubana, y confrontarse abiertamente con tendencias que pretendieran dar fin al proyecto básico –rectoría Estado, nacionalismo, ejido y apoyos al campo, derechos laborales, educación pública y gratuita. 

Entonces busco a los personajes y sobre todo a las corrientes o impulsos sociales y políticos.
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¿No equivoco los puntos de partida esquivando, por ejemplo, la consolidación del corporativismo durante el sexenio? ¿Cárdenas camina sobre los cimientos callistas?, ¿alienta el futuro próximo y así debe reconocerse como gran padre del PRI? 
Derrotadas las utopías, dije, y un reconocido estudioso asegura que el programa del PLM de 1906 estaba extendido entre las corrientes constitucionalistas. Tras preguntarnos si la afirmación vale para Obregón y Calles, no sobra subrayar que esa recuperación del ideario magonista se reduce a liberalismo social en distintos grados, permeado por la singular, pragmática tradición liberal mexicana. 
Quizás la coincidencia entre Carranza y los sonorenses es justamente el pragmatismo, de nuevo con diversos acentos. Y éste preside el régimen posrevolucionario. 
La clave está en el poder, entonces, de un sector emergente que México conoce bien desde 1810. Hay una burguesía autóctona, se nos confirma, en la cual se incluyen los grandes propietarios pues producen para el mercado. Y hay una pequeña burguesía muy superior a aquélla en capacidades y atrevimiento, dispuesta siempre a llenar los enormes huecos dejados por el capitalismo periférico e incipiente. 
De caciques hecha la nación que no termina por conformar ni con mucho una nación, a partir de la Independencia. Si por épocas y sobre todo tras la República Restaurada, algunos se convierten en empresarios, su vocación es el llano poder. Para la cúpula de ellos, los caciques nacionales y regionales, se aspira al poder absoluto, y éste sin importa el nivel reside en el Estado. Si ciertamente las masas movilizadas significan poder, su acción tiene como objetivo hacerse de un espacio en el aparato. Muy pronto, ya durante el propio movimiento revolucionario, la estructura estatal aparece para los jefes como fuerza que supedita a las clases sociales y negocia.
Entre "hombres de objetivos" y "de principios" dividía Obregón a los revolucionarios triunfantes. Se decía de los segundos, por supuesto, y con la declaración remataba un liberalismo muy rudimentario, de aires sociales dictados por las circunstancias.  
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1929 parece ser un año faro por la muerte de Obregón y el crack en los Estados Unidos. No puede gobernarse ya al país sin un auténtico proyecto y una real estructura del Estado, cuando menos en términos básicos pues la familia revolucionaria no tiene cuerpos ideológicos de cierta firmeza. Ejercer el poder, supeditar a las clases sociales negociando en cada caso, con discursos liberales de muchos tonos, criollos y por lo general gastados, no basta.
Digo esto sin presumir que conozco a fondo las ideas en boga y su largo historial. La intención es subrayar el desorden dominado por espíritus caudillistas y caciquiles. 
En su borde pequeños núcleos de un marxismo primitivo, poco o mal trasegado, que refleja el poderoso efecto soviético mundial. Lo represento en dos figuras influyentes, porque el PCM muy activo con Cárdenas hoy recibe durísimos golpes. Hablo de Narciso Bassols y Vicente Lombardo Toledano, contrastantes en propósitos, alcance y carácter, y colaboradores cercanos durante un periodo. 
En un ambiente muy animado, durante septiembre de 1933 se celebra el Primer Congreso de Universitarios Mexicanos, al que asisten representaciones de veintiún estados. 
El gobierno ampara y vigila una jornada cuyo principal objetivo es discutir "el carácter y la misión de la universidad". Bassols asiste como Secretario de Educación Pública invitado, y Lombardo protagoniza con Antonio Caso un debate "con sabor a (...) clásico", que "se daba de cara al presente, pero tenía la mirada puesta en el futuro". 
Caso representa al liberalismo humanista
SIGUE
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Este cuaderno acompaña a Red agujeros, creo. Si bien a veces lo hace con Para morir iguales o Demasiado humano. Menudo lío. Ni modo: son temas que investigué y no los dejaré morir solos. 
Estas historias tienen puntos de unión, declaré antes. Seguramente. "Nada humano me es ajeno", dijo alguien. Sigamos revolviendo, a ver cuándo esto y aquello se reúnen siquiera un momento. 

Exilios
La estructura que voy siguiendo busca sacarle partido al suspenso, considerando que la absoluta mayoría de los espectadores no sabe o tiene una idea muy vaga del golpe militar. 
Por lo mismo dedico un cierto tiempo a hablar de la historia de Chile, de su peculiar lugar en una América Latina dominada por dictaduras militares; de la Guerra Fría y el significado de la Unidad Popular 
Recordemos que con el chileno inician los exilios en los cuales la política de asilo mexicana se concentra en su vocación natural, América Latina, durante un momento bien definido en que muchos países de nuestros subcontinente sufrirán una oleada de golpes militares particularmente brutales con un eje común. 
Incorporó fotos y fichas personales de muertos y desaparecidos, pues es la mejor manera de acercarnos a la tragedia que acompaña a los exiliados. 

A éstos los presento como guardianes de la memoria. 
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Eso escribí a mis patrones, advirtiendo lo que me proponía. Ni caso hicieron y resultó una infame serie televisiva, haciendo perdediza la tragedia. 
Un caso
"ABARCA LEIVA, GUILLERMO ENRIQUE: 27 años, soltero, trabajador de la construcción, ejecutado el 21 de octubre de 1973 en Santiago.
Guillermo Abarca Leiva murió ese día a la 1:00 hora, en la vía pública, por heridas de bala torácico abdominales, según consigna el Certificado Médico de Defunción del Instituto Médico Legal. 
"Guillermo Abarca fue detenido la noche del 20 de octubre de 1973 junto con los hermanos Víctor, Segundo y Miguel Valdivia Vásquez, por efectivos militares que practicaron un operativo en el Campamento Unidad Vecinal, en la actualidad población Cuatro Estrellas, en la comuna de La Cisterna. 
"De acuerdo con lo señalado por familiares, los detenidos fueron trasladados en un camión militar al sector de Bajos de San Agustín, donde fueron ejecutados por los militares; sin embargo, Víctor Valdivia Vásquez logró sobrevivir y herido fue llevado por particulares al Hospital Parroquial de San Bernardo, donde lo visitaron los familiares de las otras víctimas. A ellos les narró los detalles de lo que había sucedido a sus hermanos y a Guillermo Abarca.
"Dos días después, este testigo sobreviviente fue secuestrado desde el recinto hospitalario por Carabineros y desde esa fecha se encuentra desaparecido.
"Los tres hermanos Valdivia Vásquez fueron declarados como víctimas de violación de derechos humanos por la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación.
"Considerando los antecedentes reunidos y la investigación realizada, el Consejo Superior de esta Corporación llegó a la convicción de que Guillermo Abarca Leiva fue detenido ilegalmente y, luego, ejecutado al margen de proceso legal por agentes del Estado. Por tal razón, lo declaró víctima de violación de los derechos humanos."
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¿Cómo equiparar esta muerte con la Digna Ochoa? Ella fallece en una ciudad que se diría en calma y tras larga investigación no se precisan los hechos.

Digna
1 y 2 de octubre, 2001.
Faltan poco más de dos semanas para que muera en el despacho de la calle de Zacatecas, y Digna Ochoa termina el viaje a la sierra de Petatlán, frente a la Costa Grande de Guerrero, en el cual sirve de contacto a Harald Ihmig. 
Harald es un alemán perteneciente a la FIAN (Foodfirst Information and Action Network), una organización internacional de derechos humanos “con status consultivo ante las Naciones Unidas”, como explica él mismo en una declaración pública sobre el fallecimiento de la abogada(  ). 
En la declaración menciona la visita que realizó con ella a fin de que él se enterara “personalmente de las quejas y necesidades de las comunidades ecologistas” de la región, y buscar “juntos medidas para mejorar sus condiciones de vida y su seguridad" (  ). 
Hacia un par de años la abogada y sus compañeros del Centro Pro, habían logrado uno de los mayores éxitos de la acción penal a favor de los derechos humanos, al exhibir a dos militares en un juicio donde defendían a líderes de la Organización de Campesinos Ecologistas de Petatlán y Coyuca de Catalán (OCESP) enviados a la cárcel. 
Por ello el 21 de septiembre de este 2001 la Organización le había planteado otros casos: 
-Le hablamos pelado: aquí, le dijimos, la bronca es con los militares, y sabemos que a ti te han amenazado; si crees que no puedes entrarle dinos de una vez y no hay problema. 
De acuerdo con el periodista que entrevistó a la dirigente campesina quien así recuerda la escena, Digna no se comprometió a asumir la defensa: 
-Pero dijo que tenía muchos conocidos y que iba a atar y atar nuditos hasta hacer una cuerda grande, y cuando cachara algo bueno para la gente iba a regresar (NÁJAR) 
Al decir de Harald, para entonces él le había pedido ya a la licenciada Ochoa que le sirviera de enlace con los campesinos ecologistas. En cualquier caso, ¿durante el viaje vieron algo que despertara la alarma del complejo sistema de cacicazgos, tráfico de mariguana (CUAUHTÉMOC) y de armas (MARIO RAMÍREZ Y ARCEÓ); de grandes proyectos para explotar la abundante riqueza maderera de la sierra (CUAU Y OTROS), y de fuerzas armadas responsables de conservar un virtual régimen de excepción, y que en palabras de algunos pueden tener “cuotas de poder” locales, como en otras partes del estado (ABEL BARRERA)?  
Los abogados que continuarán el trabajo iniciado por Digna en la zona, al volver de su primera visita transmiten su profunda impresión a un reportero: “Dirigidos por un grupo de campesinos trepan la montaña en un vehículo hasta donde el camino se deja, y avanzan luego a pie. Antes de llegar a la comunidad que los espera, los cables de luz desaparecen del paisaje. Pero ni así calculan los fuereños qué tan noche puede ser la noche que al rato se les viene encima. El bosque tropical platica sin parar y sólo los cultos ojos de sus acompañantes encuentran la ruta al caserío. 
“Los abogados entienden el grado al cual pueden llegar allí la impunidad  y la indefensión. Si en la ciudad no hay límites al poder, ¿qué será en estos lados?” (YO)
Sí, estas tierras “siempre han estado lejos, lejos de todas partes”. 
-Son lugares con caminos muy difíciles, que aunque sean pocos kilómetros son muchas horas de recorrido, y no circulan los vehículos todos los meses del año, solamente en temporadas, cuando no llueve (CUAU). 
Falta de todo, dice con una parsimoniosa, sabía voz, Rodolfo Montiel, uno de los dos líderes defendidos en 1999 por los abogados del Pro: 
-El Mameyal –donde él vivía antes de ser enviado a prisión por resistencia al ejército y diversos cargos falsos -tiene escuelas, pero no maestros… Hay luz, hay teléfono, hay una clínica pero sin médico... La luz en temporada de lluvia poco la vemos... Pero no sólo estamos hablando de El Mameyal... En el municipio hay lugares donde no hay ningún servicio, no hay luz, no hay agua, no hay nada (  ). 
En esas partes “tiene uno que caminar dos días para llegar a Petatlán”, que es la cabecera municipal.
¿Con qué se topan Digna y Harald en el recorrido a través de este pequeño mundo de bosques y caseríos dispersos por las montañas, con una libreta y una cámara de video donde recogen cuanto les llama la atención? ¿Qué duras realidades quedan registradas así, con o sin la conciencia de ellos? ¿Y cuáles pueden despertarse en la imaginación de ese intrincado juego de poderes locales, al saber de la presencia de los extraños?
De acuerdo a los miembros de la OCESP, el punto de llegada fue El Zapotillal. Allí, a cielo abierto, a la vista de cualquiera, se celebraría una asamblea de la comunidad. Digna y Haradl fueron presentados:
-Muy buenos días a todos, cómo amanecieron –dijo un hombre maduro, serio, animoso, para dar principio al acto. -A través de estos caminos vienen estas personas, que es un extranjero, que para mí es un gusto saber que haya tenido a bien a venir a visitar estas comunidades, estos pueblos, estas montañas (VIDEO).
Un extranjero. ¿Cuántas veces había estado con ellos un extranjero, y en plan amistoso? Había precedentes cercanos de una distinta presencia del exterior. Se produjeron en los dos últimos años, cuando diversas organizaciones internacionales premiaron el trabajo de los campesinos ecologistas en defensa de los bosques. 
Por un momento la sierra de Petatlán había probado de ese modo la posibilidad de que en un abrir y cerrar de ojos dejara de funcionar el alejamiento que resultaba el mejor amparo para la libre, impune acción de toda clase de grupos de poder. Aquel podría seguir siendo uno de los últimos rincones de México, y sin carreteras ni otro moderno recurso de los que acostumbran cambiar dramáticamente las condiciones de un lugar, hacerse visible sin embargo, no ya para el país sino para el mundo. 
Aunque había riesgos en ello, y no pequeños, como probarían los siguientes años. Si los reflectores que súbitamente los iluminaban, no iban acompañados de reales cambios, al apagarse dejarían detrás expectativas no cumplidas y la oscuridad sería más profunda. 
Las entrevistas de Digna y de su acompañante extranjero con los campesinos, debieron parecerse a esta, de la cual quedó constancia: 
-¿De que manera Harald y su gente en Alemania pueden ayudar a su comunidad? –preguntó la defensora de derechos humanos. -¿Qué podíamos pedirles a ellos y a mucha gente consciente de otros países?
-Yo he visto –contestó un dirigente de la Organización-, ¿cómo se llama la palabra?... un interés, una estimación hacia nosotros. Porque ¿cuál sería la promesa más grande, cuál sería el objetivo? Yo creo que sería que tocarán las puertas del gobierno mexicano: que basta ya: “Déjalos, lo de ellos es de ellos” (VIDEO).
Entre las entrevistas formales, en la diaria convivencia de aquí para allá, puede apostarse que los pobladores de la sierra les contaron historias bien conocidas, que recogieron el video y el reportaje de un periodista. 
-El año pasado uno de los caciques, Justino Cabrera, asesinó a su sobrino Sergio en una fiesta, pero el acta nunca se levantó en el Ministerio Público. Un mes después un convoy de soldados escoltó al cacique hasta su pueblo. 
O la de “Native, un niño de ocho años que nació ciego y que nunca ha recibido atención médica porque su padre vive prácticamente escondido en la sierra, para evitar su aprehensión” (NAJAR). 
¿Dejarían de relatarles las “torturas y encarcelamientos injustificados”, y los “homicidios de los que nunca” la autoridad tomó nota (xxx), con nombres y apellidos de los protagonistas? ¿Habrán contemplado las cañadas, donde “no cualquiera va” y que suelen poblarse de sembradíos de amapola (Cuau)? 
¿Les pasaría inadvertida la militarización de la zona?, sobre la cual debieron escuchar quejas como esta: 
-Hay acuerdos de las comunidades para cazar un solo venado por familia cada seis meses, una iguana macho al mes, y desde hace varios años no permiten comer algunas aves que se están desapareciendo. Pero cuando llegan los soldados matan hasta 30 iguanas en una sola comida y ametrallan los nidos de chachalacas que los campesinos cuidan tanto (VIDEO).
En el camino los forasteros conocerían por sí mismos “la técnica favorita de los caciques para amedrentar a las comunidades: reúnen varios gatos, les amarran estopa con gasolina o diesel en la cola, la encienden y los sueltan: 
-Nomás se ven los mecheros corre y corre por el cerro. En un ratito queman mucho terreno (NAJAR-xxx).”
Durante el avance de la comitiva, como siguiendo su rastro, una o más patrullas de soldados se acercaban a los caseríos que Digna y Harald dejaban. Difícil decir si les informaron de ello, lo seguro es que en su declaración pública el alemán se refiere a “enfrentamientos con militares durante nuestro viaje”. 
Fueron dos al parecer, ambos el 2 de octubre en la comunidad de Banco Nuevo, donde a la mañana siguiente a la llegada de los fuereños, entraron los soldados. ¿Era un episodio de rutina? Uno de los uniformados preguntó a otro:
“-¿Y cuál es Digna?
“En ese momento Digna y Harald entrevistaban con una cámara de video” al padre de Nadine, Juan Bautista Valle, “uno de los ecologistas con orden de aprehensión. El soldado que había preguntado se acercó y le dijo al comisario:
“-¿Y ese gringo qué anda haciendo aquí?
“-Es turista- le respondieron. 
“-Pues anda muy lejos de la playa. 
“Entonces Digna tomó la cámara y empezó a grabar a los militares, además de anotar la matrícula de los vehículos en que viajaban. Los soldados se fueron (xxx).” 

En unas horas regresarían, se produciría una escena semejante, más subida de tono, y al poco la abogada y el representante de la FIAN tomarían el camino a la cabecera municipal para volver a la ciudad de México. Poco más de dos semanas antes de la muerte de ella. ¿Estaba allí, en la visita en particular o en la sierra en general, la explicación? ¿O en el estado de Guerrero como un conjunto de historias que atravesaban las zonas rurales con su viruela de abusos y desgracias, en las cuales ella había quedado involucrada? ¿O en el sartal de casos en que había topado con la violencia del Estado, del Ejido Morelia, en Chiapas, a Yanga, Veracruz, pasando por los penales de la ciudad de México? 








martes, 28 de marzo de 2017

Dieciséis meses

Dieciséis meses, eso lo que queda para recuperar un proyecto adecuándolo al momento.
Cuando en septiembre se advertía la posibilidad de una eclosión histórica, quedó en suspenso el trabajo que bien o mal veníamos haciendo, cada una y una en su ámbito y desde distintas concepciones.  

miércoles, 8 de febrero de 2017

Mejor que Utopía

Hermosa idea, desafortunada palabra. Utopía es el reino de Utopo, que Santo Tomás Moro ubica en un Nuevo Mundo cuya asombrosa existencia empieza a revelarse para los europeos. Queriéndolo o no, el religioso siente las bases para una conciencia inglesa sobre la colonización: expropiar para su mundo el concepto de cultura -pan y vino, cerdos y caballos, arados y carretas, ciudades y libros-, sustentando el derecho para que los “civilizados” tomen cuanto quieran a los “salvajes”:
“Los nuevos colonos guerrean contra quienes ofrezcan resistencia, porque tienen por justa causa de guerra que un pueblo mantenga yermo, inútil y desierto su suelo y prohíba su uso y posesión a los que, por ley natural, deben hallar en él su alimento.” 

miércoles, 1 de febrero de 2017

Utopías

I
Hace cinco años este oligofrénico mausoleo que llaman Monumento a la Revolución, se convirtió en refugio de sueños. No fracasó, creo, y así parece ahora, cuando se forjan superiores, con olor a hombres y mujeres que no explayan su juventud como entonces y traen sudores de trabajos reglamentarios y colmillo y más colmillo desarrollado en confrontaciones con el poder.
Toldo de plástico, cien sillas que no alcanzan, un estrado y el rústico equipo sonoro a la mano. 
"-Se establecieron tres líneas de acción: salir a las calles para repudiar la reforma educativa y un paro indefinido de labores que duro del 15 de mayo a finales de julio de 2016..."
Quien habla resume informes y acuerdos de la primera de cuatro mesas en que se dividió el acto, y se refiere ahora a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).  
El magisterio estuvo en las reuniones preparatorias con dos coordinadores a los que conozco y no sé bien cuánto representan oficialmente a su organización. 
Hora y media después se llega a consensos, palabra mágica o clave, cómo precisar, en este esfuerzo cuyo título sigue sin convencerme: Asamblea Nacional Contra el Gasolinazo. ¿Realmente lo es? Hay diecisiete estados presentes, cierto, pero cuánto significan sus delegados.
¿Por qué mis dudas si cuatro días atrás aplaudía cualquier cosa? Lo entenderé el próximo miércoles, al impedirme con diplomacia que ayudé a la comisión. No rebasaremos las treinta personas en la Asamblea Metropolitana, alguien informará sobre otras dos interconectadas, cuyos resolutivos estarán hasta ahí desestimados bajo el Monumento, y nadie invitará a las demás comisiones, que llevarán horas discutiendo con tales y cuales frentes. 
Entenderé, entiendo ya el domingo al escuchar las conclusiones: detrás hay una organización madurada desde aquél 2012, a la cual se suma una gran figura pública y su gente. Todas y todos están al tanto y muchos vienen de otros grupos con larga trayectoria. ¿Y el nuevo impulso, imprescindible, como en mi mesa dijo una autorizada compañera? No falta y acarrea los mayores aplausos cuando finalizamos y surge la propuesta: el Valle del Mezquital para la próxima Nacional. 

II
Prometí una crónica colectiva sobre el gasolinazo y avanzo poco y solo. Entonces recuerdo mi trabajo a medio hacer sobre la izquierda cardenista, setenta años atrás, y me parece que los dos esfuerzos pueden combinarse. A lo mejor es un viejo truco para aprovechar mi flojera.
En todo caso si interpreto es por obligación. Me refiero a lo escrito y no a mi cabeza, a la que le urge comprender. Aposté hasta la última ficha por esa gran o pequeña utopía y tendré su mismo destino. 
No estoy aquí, pues, haciendo una tarea. De vida o muerte el asunto, busco a conciencia. Lo hago por mínimo respeto a los y las trescientas mil o más asesinadas y las y los treinta mil o más desaparecidos, en diez años, incluyendo a quienes violaron y mataron por un mal endémico; por niños y niñas abusados cuyo número se infiere indirectamente: más de la mitad de las mujeres aseguran haber sido objeto sexual antes de llegar a los quince años; en solo dos se impidió que entraran ciento treinta mil pederastas extranjeros. 
Interminable lista de infamias en nuestra Casa del Horror, que tiene sin cuidado a la mayoría, permítanme exagerar un poco, apenas un poco. 

miércoles, 8 de junio de 2016

La Cooperativa de Cine Marginal

Forman legión los que viven de la memoria deformándola. 
El buscador de Google muestra muchas publicaciones sobre la Cooperativa de Cine Marginal, una experiencia a comienzos de los años 1970. 
Dicen tontería y media, sé perfectamente, pues estuve en ella del primer al último día.
Ya basta. Le robaré tiempo al tiempo para resumir su historia.
Hay un parteaguas entre la breve, torpe inicial etapa y lo importante. Éramos una veintena y discutíamos el primer producto del trabajo colectivo. Los Carlos, como les decíamos, quienes terminarían en un proyecto acusado de ser financiado por la CIA, despotricaron contra aquél Comunicado No.1: Está pésimamente producido y debemos revisar sus contenidos políticos. 
Paco I. Taibo II dirigió el generalizado rechazo a una postura del vanguardismo más ramplón.
-Acompañamos al movimiento, no lo diseccionamos. Nuestra tarea es difundir. Tomemos los proyectores a la mano y a correr de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, si nos da nuestra todavía modesta capacidad, mostrando la insurreción que inicia.
Para entonces formábamos formal parte de la Insurgencia Obrera que en noviembre de 1971 constituyeron el Sindicato de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana, el Movimiento Sindical Ferrocarrilero y el Frente Auténtico del Trabajo. 
Los absoluta mayoría de quienes un año atrás fundaron la Coope, se marcharía o nos seguiría a prudente distancia. Eran o querían ser cineastas. Los demás buscábamos un pretexto para sumarnos a las luchas populares y de cine no sabíamos nada. 
Realizaríamos una treintena de materiales en dos años, cuyo único gran producto fue Panaderos, un corto que en media hora reconstruía una batalla en ese gremio. El guión y los actores salieron de los propios trabajadores. 
Para mediados de 1973 las cámaras estaban arrumbadas y nos convertíamos en organizadores sindicales sin más, concentrados en el valle de México.
Los historiadores desorientados o deliberadamente irresponsables acumulan libros y notas en que nos hacen pasar por una experiencia fílmica.
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Además de lucha de clases hay calor de hogar, era la genial frase que solía soltar Paco Quinto -o V, pues su virginidad voló muy pronto-. Quería decir Entreguémonos por entero a la lucha y no olvidemos divertirnos entretanto
Noche tras noche yo pensaba Apunta las anécdotas del día, que jamás reirás tanto como hoy
Quienes cuenten esta historia con aires de martirologío no la vivieron o sólo creyeron hacerlo. Los había y en abundancia, supe después. 
Consciente o inconscientemente en el primer momento teníamos guías ideológicos. Procedían de la Liga Comunista Espartaco y nos heredaban un 68 cuyo espíritu confirmaría el movimiento popular multiplicándolo. Luchar era antes que nada un acto liberador. 
Y tan tan, debería escribir dando por terminado el asunto. Lo demás no fue nuestro. Pertenecía a miles de obreros y obreras, pues casi sólo la industria tocamos. 
Sí, no perderé horas que están destinadas a mejores cosas. Bastó la aclaración. De lo otro me haré cargo con un pequeño libro contra esa misma desmemoria aplicada para desaparecer el auge social en la década: Raíces. Contra la desmemoria.
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Llegamos a ser ochenta o algo así y prácticamente nada de lo que sucedía en el ascenso obrero nos pasaba inadvertido. En nuestra ciudad capital -área conurbada incluidísima, desde luego, pues casi todo sucedía allí- sólo un grupo más se dedicaba a la tarea. Por un tiempo estuvimos relativamente cerca del movimiento campesino y urbano popular, y terminamos sufriendo el desgaste que este país produce a gran velocidad cuando se confronta al poder.
En los hechos un cierto número despreciaba la lucha reivindicativa. Así le pasó desapercibido el rico proceso que conducía al auténtico poder obrero y que fue detenido por la crisis y el neoliberalismo incipiente. Buscando cuadros para su organización, en términos reales participaba muy poco. Otras y otros eran muy despistados y apenas se comprometían. 
Por eso cuando a la carrera escribí sobre el lugar de donde ni a tiros me sacaban, omití mencionar a nuestro colectivo -así debe considerarse. 
¿Influimos en algo? A cuentagotas. Y aun así fue una experiencia extraordinaria, para nosotros y para los trabajadores y trabajadoras próximos. Marcaría para siempre a todas y todos, escépticos e instrumentalistas incluidos. 
        

jueves, 12 de mayo de 2016

Raíces. Contra la desmemoria

LAS LUCHAS SOCIALES EN MÉXICO, 1934-1994.

Nunca vi generación más activa en el país que la presente, sobre todo por la emergencia de las mujeres como figuras protagónicas. 
Paso los días entre ella y sólo una cosa me duele: su desmemoria, inculcada cuidadosamente por el sistema.  
No tiene caso hablarle de derechos laborales, pongamos, pues vive en la flexibilidad absoluta. ¿Reparto agrario, cuál y para qué?, pensarán contemplando un campo tradicional derruido por completo, si se le mal mira. De la educación pública y gratuita en todos los niveles percibe los ataques que recibe y no estoy seguro si pregunta por el origen, divino, quizá. Etcétera.
La línea histórica en su cabeza inicia con el 2 de octubre de 1968 y así un movimiento estudiantil recordado por sangriento y nada más. De allí pasa a la Guerra Sucia, que convierte a los movimientos guerrilleros en meros, nuevos brutales excesos del poder, y borra el ascenso de las luchas populares en los años 1970 y 1980.
Así deduce que nada bueno puede buscarse atrás, incluida la Revolución, simple derrota de sueños, y pierde las animadas, decisivas décadas 1920 y 1930.
"Tiremos la casa", se llama un poema que escuché entre las y los jóvenes. La hicieron los padres y abuelos con amor y empeño, dice, y fue convertida por otros en un monstruo. 
Tiene razón. Debería empezarse de cero y es imposible, empezando porque la propia nueva generación lleva el pasado dentro y lo repite. Preguntemos a su machismo, por ejemplo, o a los vaya a saberse cuantos menores de veinticinco años que se contratan como traficantes, sicarios o secuestradores. El futuro que espera mejor olvidémoslo, recordando a esos niños de segundo grado en la educación básica atacando a una compañerita porque "juegan a ser violadores". 
Hago entonces un libro contra la desmemoria, en tono cálido siempre que hay manera, con trabajos míos y de otros. Es breve, referencial, sin estricto orden cronológico, e inicia con dos más o menos viejas viñetas personales:
De plúmbago, sin amenazas, las nubes casi al alcance de la mano corren rápidas en el día que suda sobre el caserío, donde la sal de mar hace cuatro siglos estampa su huella. Por la vía del tren, entre un millar de paisanos en alharaca, dos costeñas maduras, firmes, desparpajadas, se regodean en los gritos:
-¡Huevo de gallina, no de granja! ¡En Espinal hay hombres, no chingaderas! -refiriéndose al hombre pequeñito, de voz aflautada que acaba de salir de prisión y encabeza la marcha: Demetrio Vallejo.
Es el sábado 12 de mayo de 1972 y cuantos hay allí llevan un mucho acunadas y otro mucho a cuestas dos o tres décadas de trabajos por Utopia, que no está en el santoral ni tiene altares en la Iglesia de Salinas Cruz, cuya torre domina la vista, ni en ninguna más del Istmo de Tehuantepec, del resto del estado de Oaxaca o donde sea en el México de tercos rezos por ella.  A comienzos de 1959 ese par de mujeres sin duda estaba entre quienes defendían del ejército el local del sindicato ferrocarrilero, cabeza del gran esfuerzo de trabajadores y trabajadoras por deshacerse del monstruoso aparato corporativo construido para ellos.
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Una mañana de otoño de 2009, en Saltillo comparto un cuarto de hotel con Alfredo Domínguez, un antiguo trabajador de la metalmecánica que lleva medio siglo organizando luchas sindicales y a quien conocí en los tiempos de aquélla marcha ferrocarrilera. Sin duda sabe cuánto lo respeto y mientras nos vestimos vuelvo a dar gracias por la oportunidad de estar de nuevo con él y su gente.
Le hablo del desbordado optimismo que vino el día anterior en la conmemoración de treinta y cinco años de la ejemplar lucha de CINSA-CIFUNSA en esta ciudad, y de las charlas con Nelly Herrera, con María, su hermana y la hermana de Isaías.
-Almirante -le digo-, esas mujeres parecen cristianas primitivas. Ni su abuela las detendrá jamás en la búsqueda de la utopía.
Sonríe de la especial, como misteriosa manera qué tiene, y suelta una de sus geniales frases:
-Llegará un día en que los cristianos se coman a los leones.
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Esas mujeres y hombres pueden ser tesoneros porque sus luchas recogen una larga herencia que les permite seguir creyendo. Consciente o inconscientemente encarnan las palabras de un gran pensador alemán(1) a quien Armando Bartra recordó cuando recién hablaba para jóvenes: Luchamos por los muertos, por quienes nos precedieron en el combate, generación tras generación. 
El investigador vinculado a los movimientos indígenas y campesinos -mestizos, pues- hacía énfasis en las raíces: cuanto más profundas, mayor es nuestra capacidad de resistir y un buen día vencer (2)
El sindicato ferrocarrilero al cual nos referimos en las primeras líneas, nació en 1933 y jugaría un papel muy significativo después. Resultaba de una historia que inició en 1902, con las organizaciones por oficios creadas en el gremio entre la efervescencia social que presagiaba nuestra Revolución, y al confluir en la huelga durante 1926-1927 reanimaron a un movimiento obrero muy golpeado.
De hecho todas las luchas populares se encuentran entonces en el nivel más bajo desde los comienzos de las grandes y pequeñas utopías que caracterizaron este nuevo siglo: el magonismo, el zapatismo, el villismo(3), el socialismo yucateco con pies indígenas, de Carillo Puerto; las Ligas Agrarias de Úrsulo Galván y Primo Tapia, autoreconocidas como comunistas, la Confederación General de Trabajadores anarcosindicalista.
Como pequeña compensación, entre las clases medias aparece un consistente acercamiento al marxismo, que al modo de cualquier gran ideología surgida en Europa, aquí es heterodoxa. Lo hace no sólo a través del Partido Comunista y su errático comportamiento vinculado a la URSS en manos de Stalin. Intelectuales y estudiantes encuentran a Marx como referente y confrontan al liberalismo puro o social, preparándose así y sin saberlo para la compleja experiencia que representará el cardenismo.
Busco dónde evaluar en el momento las tres primeras, riquísimas décadas de siglo XX mexicano y recurro otra vez a Armando Bartra. El campesinado, que forma las cuatro quintas partes de la población, recuperó en muchos lugares su derecho a la libertad en forma de conciencia. Sigue sumido en la pobreza, con un lazo al cuello y memoria, cuando menos en donde tuvo condiciones para conservarla, lo mismo al sur indígena o de origen indígena, que al norte mestizo.
Cincuenta años después sabremos cuán persistente es el recuerdo. En 1984 "la Coordinadora Nacional Plan de Ayala [CNPA] convoca a una marcha desde todos los estados de la República, que culmina el 10 de abril con la toma simbólica de la capital por cien mil campesinos encabezados por excombatientes del Ejército Liberador del Sur". 
Sus antecesores conservaron la palabra y algo más, sin importar si los ejércitos de Zapata y Villa fueron derrotados. 
¿Dónde está esa confianza, en 1926, cuando decidimos empezar el recuento, si digo que las luchas populares se hallaban postradas?
El reparto de tierras ha sido magro, casi reducido a Morelos y Veracruz, y quienes desde la izquierda del régimen lo alentaron no pretendían dar autonomía a los campesinos, que servirían para al desarrollo de los mercados bajo la rectoría del Estado. Hay un gran giro político en la propuesta, dice Bartra, pues el terrateniente quedaría a expensas de aquél. Pero si Tierra y libertad no fue una consigna expresa entre los ejércitos rurales revolucionarios y sí implícita, que recuperaba una larga tradición nacida con la conquista y reafirmada durante el primer siglo XIX.
Siempre me llamó la atención el práctico ocultamiento de los movimientos campesinos tras nuestra Independencia, y la satanización o tergirversación de la mal llamada Guerra de Castas y su reclamo por romper con el resto del país. Reclamaban libertad, a lo llano o vinculándola a la defensa del territorio.  
Tras Zapata y Villa había esa misma demanda, que podrá escucharse todavía durante el jaramillismo y el asalto al cuartel Madera en 1964.
Justo diez años después de la marcha organizada por la CNPA, el EZNL sorprende al país reivindicado a los pueblos originarios como pasado y futuro.
Mis saltos de tiempo aquí son brutales. Confío justificarlos y por ahora basta que en cien líneas registrara sin parar luchas y grandes sueños. ¿No ganaron nada?
Este libro debe ser el posible según los conocimientos que poseo o están a la mano. Por ello voy enseguida a un tema fresco en mis notas y en cuya investigación avance sólo hasta cierto punto.
La primera tentación fue adentrarme en esos años setenta y principios de los ochenta. Echo atrás cuatro décadas por buenas razones, creo. 

Por el articulado social y algo más 
Empecé a investigar la "izquierda cardenista" partiendo de una hipótesis: el sexenio entre 1934 y 1940 está obligado a ir más allá de lo que pensaba. ¿Se encuentra allí un mejorado Hugo Chávez mexicano sesenta años antes que él?, preguntémonos a lo simplón y por buscar referencias actuales.
Por muchos años la izquierda dogmática vio al sexenio cardenista como mero capitalismo atemperado bajo la rectoría de un Estado corporativo. 
Hace poco Adolfo Guilly lo reinterpretó relacionándolo con la corriente que al escindirse del PRI en 1987-88 crearía una nueva alternativa de izquierda con fuerza suficiente para tomar el poder por la vía electoral. Según esto, lo construido en aquéllos seis años permitiría al país conservar hasta entonces conquistas substanciales: el reparto agrario y los apoyos al campo tradicional; los derechos laborales, la educación pública y gratuita; la medicina con carácter social, la nacionalización de las industrias más rentables y estratégicas (petroleo, energía eléctrica, ferrocarriles...).
Sería así en una continua confrontación con la familia revolucionaria al servicio del capital y de sí misma, gerencia omnímoda de un aparato clientelar.
A este libro no le interesa la discusión ideológica y distingue únicamente luchas populares y acciones del poder, con frecuencia encontrándolas entreveradas. Así no me atrevo a considerar cuán justas son las perspectivas de Guilly.
En contradictorio contraste avalo casi cuanto afirman Armando Bartra y otros cercanos a mí. Casi, digo, pues tengo una óptica obrerista, resultado de casi medio siglo de militancia entre asalariadas y asalariados urbanos. 
Entre 1971 y 1972 mis amigos y los suyos nos sumamos al ascenso que el movimiento social empezaba a experimentar. Por visibilidad y cercanía, mayoritariamente lo hicimos con la Insurgencia Obrera. Otros y otras buscaron el campo -y estudiantes y ex estudiantes despreciaron esas luchas calificándolas de "reformistas", recuerdo al paso.
Razones personales hacían del campesinado una leyenda para mí y el mundo obrero que encontré estaba formado en esencia por campesinos y campesinas recién llegados a las ciudades. 
En junio de 1972 empezaba a ser su compañero en León, aunque seguía pasando el grueso de los días entre electricistas de CFE que vivían en Celaya e Irapuato y que por buenas razones escogieron a La Piedad para un acto.
Aquello inicio con tonos muy poco combativos hasta la llegada de los ferrocarrileros vallejistas y los sindicatos del Frente Auténtico del Trabajo en la zona, y no tomó grandes vuelos sino al presentarse ejitadarios que reclamaban más tierras. Podía atisbarse así la próxima creación de frentes con todos los sectores, a quienes se sumaría uno entre nuevo y viejo: el movimiento urbano popular. 
Viejo y nuevo, digo, distinguiendo entre inquilinos y posesionarios de predios. Aquéllos sin saberlo tenían detrás ejemplares luchas en Veracruz, la ciudad de México y, si observamos desde cierta óptica el escuderismo(x), Acapulco, a comienzos de los años veinte. Los segundos no tenían precedentes, hasta donde sé, y para nosotros apareció en 1971 a través de Topochico, en la periferia de Monterrey, con una toma de predios que confrontaba frontalmente al poder. Enseguida lo haría en Santo Domingo los Reyes, en los pedregales del DF. Las familias se instalaron sin pedir permiso, la autoridad quemó sus improvisadas casitas y los amigos y amigas me enviaron a hacer contacto con la organización. 
Descubrí entonces al pueblo sombra que en adelante me obsesionaría, trayéndome a la vez el recuerdo de mi abuelo, un líder minero español. 
Era domingo por la mañana y el lugar estaba desierto o lo parecía. Caminé sobre el terraplén que no preciso quién abrió entre las piedras, con una extraña sensación: algo me velaba amenazadoramente, clavándome imaginarios, tangibles filos. 
Doscientos metros más allá, desde ambos lados apareció una multitud de mujeres, hombres y niños armados con palos y piedras. Bastaron diez minutos para que de muy probable enemigo pasara a compañero.
Pueblo sombra, digo románticamente en mis crónicas. Una de ellas observa a la prensa posrevolucionaria como un canto a la modernidad que por temor oculta al ochenta por ciento del país. 
Entonces los periódicos se conciben el espejo de estas tierras, como advierten sus elocuentes leyendas: El Gran Diario de México, El Periódico de la Vida Nacional... 
Encarnan el pavor al campo asegurando tácitamente que nuestros dos millones de kilómetros cuadrados son una unidad indivisible, contenida en el país urbano y los allendes rurales compatibles con él. El resto, declaran en silencio, es rémora, pasado que se arrastra por desgracia y debe actualizarse o morir, pues amenaza dar al traste con cualquier buena intención.
Con esta afirmación fuerzo un tanto los hechos, para que observemos el fenómeno.  
  




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1. Walter Benjamin.
2. https://soundcloud.com/user-534282914-615484044/toda-lucha-empieza-preguntandose-empezamos-hoy-armando-bartra
3. La idea sobre el villismo como mera reacción instintiva, sin un proyecto social, es cada vez más un lugar común. Léase sino y por ejemplo el trabajo de Jesús Vargas: